Terremotos en la región: la preparación financiera sigue siendo la deuda pendiente de familias y empresas en Ecuador 

Quito, julio de 2026. Los recientes terremotos ocurridos en la región y en especial en Venezuela, que de acuerdo con reportes preliminares de organismos de gestión de riesgos y cobertura de medios internacionales, dejaron miles de personas fallecidas, heridos y zonas donde colapsó gran parte de las edificaciones, han vuelto a recordar que los desastres naturales no solo representan una tragedia humana, sino también un enorme desafío económico y social para toda la región. Ecuador, ubicado sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, comparte una realidad similar y mantiene una alta exposición frente al riesgo sísmico. 

La historia del país evidencia esa vulnerabilidad. Según datos de CEPAL; Banco Mundial; Secretaría de Gestión de Riesgos del Ecuador, el terremoto de Ambato de 1949 dejó cerca de 6.000 fallecidos y pérdidas equivalentes al 7,1% del PIB; los sismos de 1987 ocasionaron pérdidas cercanas al 10,7% del PIB; mientras que el terremoto de Manabí y Esmeraldas de 2016 provocó 672 fallecidos y pérdidas estimadas en el 2,1% del PIB nacional.  A pesar de ello, la penetración del seguro en Ecuador continúa por debajo del promedio latinoamericano, que apenas alcanza alrededor del 3% del PIB (Fitch Ratings; Swiss Re Sigma), lo que evidencia una importante brecha de protección financiera. 

«Los desastres naturales nos recuerdan que la prevención no comienza cuando ocurre la emergencia. Empieza mucho antes, desde las decisiones que toman las familias y las empresas para proteger su patrimonio, su estabilidad financiera y su capacidad de recuperarse», señala Juan Diego Pazmiño, Gerente Nacional Técnico de Tecniseguros

El mayor patrimonio de los ecuatorianos sigue siendo el más vulnerable 

Más allá del riesgo físico que representan terremotos, inundaciones, incendios o deslizamientos, hoy el principal desafío para las familias es proteger su estabilidad financiera. La conversación ya no se limita únicamente a asegurar una vivienda o un vehículo; implica también proteger los ingresos del hogar, la salud, la vida y la capacidad de recuperarse después de una emergencia. 

Uno de los principales obstáculos continúa siendo la percepción de que un desastre «nunca va a ocurrir». Sin embargo, El Banco Mundial estima que aproximadamente uno de cada cuatro hogares en América Latina enfrenta algún tipo de choque o desastre cada año. Esa falsa sensación de seguridad suele traducirse en hogares sin planes de emergencia, sin fondos de contingencia, sin seguros y sin protocolos claros de actuación. 

Por su parte, la ONU – UNDRR y Cruz Roja Internacional menciona que a todo esto, se suman errores frecuentes como no contar con rutas de evacuación, no preparar un kit básico de emergencia, no proteger documentos importantes, desconocer el nivel de riesgo de la vivienda o postergar la contratación de mecanismos de protección financiera. Cuando ocurre una emergencia, los primeros minutos suelen definir el nivel de daño que enfrentará una familia. 

Las cifras muestran además la magnitud de esa exposición. El perfil de riesgo del BID estima que el costo de reposición del entorno construido en Ecuador asciende a USD 608.200 millones, de los cuales USD 508.400 millones —equivalentes al 83,6%— corresponden a viviendas (BID, Perfil de Riesgo de Desastres Ecuador). Entre 1981 y 2024 los desastres registrados generaron pérdidas acumuladas por USD 22.383 millones (EM-DAT; CEPAL).  

Frente a este escenario, los especialistas recomiendan construir un fondo de emergencia equivalente a entre tres y seis meses de gastos; establecer un plan familiar con responsabilidades y puntos de encuentro; revisar periódicamente las coberturas de vida y hogar; proteger la documentación crítica tanto en formato físico como digital; e identificar claramente quiénes dependen económicamente del principal generador de ingresos del hogar. 

La continuidad del negocio también está en riesgo 

Para las empresas, los terremotos representan mucho más que daños físicos. Hoy las mayores amenazas incluyen la interrupción de las operaciones, los riesgos cibernéticos, la responsabilidad civil, la afectación reputacional y la paralización de cadenas de suministro. El verdadero impacto de una crisis suele medirse por el tiempo que una organización permanece sin operar. 

Los análisis internacionales de Marsh —socio estratégico global de Tecniseguros— y del Foro Económico Mundial coinciden en que las organizaciones deben prepararse para riesgos cada vez más interconectados. Sin embargo, cerca de la mitad de las empresas de la región aún no cuenta con un plan formal de continuidad del negocio (BID; PwC). Entre los errores más comunes destacan depender de un único proveedor crítico, no actualizar la valoración de activos, carecer de responsables para la gestión de crisis y nunca poner a prueba sus protocolos de respuesta. 

La metodología de continuidad de negocio de Marsh plantea cuatro pasos fundamentales: identificar amenazas, analizar el impacto que tendrían sobre la operación, desarrollar planes de respuesta y recuperación, y realizar simulacros o pruebas al menos una vez al año. 

«Una organización preparada no es aquella que evita completamente los riesgos, sino la que sabe cómo responder para reducir pérdidas y retomar su operación en el menor tiempo posible. La continuidad del negocio hoy forma parte de la estrategia empresarial», explica Andrés Silva, CEO de Tecniseguros

Los especialistas también recomiendan evaluar periódicamente los riesgos críticos de la operación, documentar planes de continuidad, revisar las coberturas y exclusiones de las pólizas, proteger integralmente personas, activos e información, y entrenar regularmente a los equipos responsables de enfrentar una eventual crisis. 

Un mercado que avanza hacia una mayor cultura de protección 

La mayor preocupación por los riesgos también comienza a reflejarse en el mercado asegurador ecuatoriano. En 2025 la prima neta emitida alcanzó USD 2.368 millones, lo que representó un crecimiento del 5,7% frente al año anterior. Entre enero y abril de 2026, el mercado registró un incremento interanual del 31,7% según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros del Ecuador, con un papel cada vez más relevante de los brókers especializados como asesores en la gestión integral de riesgos.  

En este contexto, el rol del asesor especializado va mucho más allá de contratar una póliza. Su función consiste en identificar vulnerabilidades antes de que se conviertan en pérdidas económicas, analizar riesgos patrimoniales y operativos, acompañar a familias y empresas en la toma de decisiones y brindar respaldo durante los procesos de reclamación. Como representante de Marsh en Ecuador, Tecniseguros complementa su experiencia local con metodologías, datos y análisis de riesgo desarrollados por Marsh McLennan para apoyar una gestión integral del riesgo. 

Las tendencias internacionales apuntan hacia una visión donde la prevención, la resiliencia y la transferencia financiera del riesgo trabajan de forma conjunta. El uso de datos para identificar exposiciones, la incorporación de planes de continuidad en organizaciones de todos los tamaños y una mayor protección para hogares y pequeñas empresas serán factores determinantes para reducir el impacto económico de futuros desastres. 

El seguro no evita que ocurra un terremoto, pero sí puede evitar que una familia o una empresa pierdan años de esfuerzo por no haber estado preparadas. En un país donde el valor de las viviendas expuestas supera los USD 508.400 millones y las pérdidas históricas por desastres ya alcanzan USD 22.383 millones, fortalecer la cultura de prevención, la planificación y la protección financiera deja de ser una decisión opcional para convertirse en una necesidad.